Muzza

Verónica Farías nos enseña más sobre su cambio de perspectiva

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Creo que las cosas pasan por algo y existen causalidades no casualidades en tu vida, para que todo llegué en el momento que debe llegar.

Un encuentro casual, con mi mejor amiga de la infancia, fue también decisivo en mi vida. Un salto cuántico. Me invitó a ser la Coordinadora editorial de su nueva revista. Saliendo de la velada entrevista, mi querida hija, quien me acompañaba en ese decisivo momento, me dijo: ¿estás segura que puedes hacerlo?, recuerdo haber dicho si puedo; sin preámbulos.

Esta decisión me metió de lleno en el sector. Así mismo, recibí la invitación de otro amigo para formar una triada para ser la directora de la revista Istmo del IPADE. Con esto, puedo nombrar ya a muchas otras personas que dieron su voto de confianza por mí.

Este mundo tan aparentemente adverso, debía ser develado. Todo el temor y pánico que me generaba el entorno era creado por mis miedos, en mi cabeza. No sé cómo pude lidiar con ellos, lo que sé es que a medida que pude afrontarlos, fueron cediendo, dando paso a una forma nueva de vida. Más luminosa, más amable. Algo estaba cambiando en mí.

Seguí trabajando con ánimo, poniendo mi mejor esfuerzo sin perder de vista la meta que me había trazado. Todos mis pasos estaban orientados a la formación de ese hogar, el que a simple vista parecía inalcanzable. Ya no miraba para atrás.

Busqué por segunda vez una entrevista en una institución gubernamental. La primera vez que me acerqué no traía conmigo un CV que me respaldara. Cuánto había crecido en tan sólo tres años. Había dado una vuelta a la tuerca. Conseguí una dirección en un puesto de gran responsabilidad. Algo que no soñé y que me dio grandes satisfacciones. Ya eran más personas las que confiaban en mí.

Podía ya formar ese hogar dónde recibir a mis hijos. Frente al departamento en el que había vivido por tres años se rentaba uno. Hice cita para conocerlo. Pensé que estaba muy por encima de mi imaginación y seguramente, de mis posibilidades. Pedí hablar con la inquilina, quien al conocerme me dio un trato preferencial. Nunca antes me pregunté, sino hasta ahora, qué vio en mí. Todavía recuerdo que seriamente, me miró a los ojos preguntándome si podría pagarlo. Le dije que sí; hasta ahora lo he hecho de forma puntual desde hace tres años y medio.

Feliz, me dispuse a cumplir mi más grande sueño. Faltaban sólo los muebles, así que en un acto de heroísmo pedí a mi exmarido una parte proporcional del menaje. La casa era bastante grande, contaba con tres salas y muchos muebles más. Además, se había vendido la casa de Valle y pensé podría contar con el comedor de la terraza, una lámpara y algunas otras cosas más. No pedía mucho. Yo misma dividí en lotes las cosas y le envié un correo, el que nunca contestó. Estaba muy acostumbrada a este tipo de respuestas de su parte, así que me envalentoné y le llamé. Me colgó el teléfono. Le pedí a Dios que me ayudara a tener fuerzas. Les dije a mis hijos que iría a la casa por algunas cosas. Fue la primera vez que les pedí su apoyo. Contraté un camión de mudanza y avisé que iría en 10 días por lo que quisieran darme. No sé de dónde saqué tanta seguridad para hacerlo.

#Muzzas hemos llegado a la tercera parte de la historia de Verónica Farías y en esta ocasión, nos enseña algo crucial que consideramos de suma importancia en la vida de una emprendedora, que es a todo decir que sí y prepararte para poder alcanzar esa meta.

¡Forma parte de esta gran comunidad! Y no olvides tú también mandarnos tu historia al siguiente mail [email protected]

 

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